'Un final feliz'  por Juan Díaz Canales


¿Conocéis la fábula del autor veterano y el chico que empieza? ¿No? Os la voy a referir.
Resulta que hace algún tiempo, un chavalillo que hoy en día es un profesional (¡y de los buenos!) se acercó a un consagrado dibujante, su ídolo, con la intención de mostrarle sus trabajos. El veterano, echando un rápido vistazo al lógicamente inmaduro material del chico, le dio el siguiente demoledor consejo. “Chaval: viendo estos dibujos tan malos que me traes, no puedo más que recomendarte que lo dejes. Jamás vas a llegar. Además, ya somos demasiados en el oficio. Esto del cómic no da más de sí…”


Yo tengo una opinión diametralmente opuesta a la del veterano de nuestra fábula. Así que, cuando Kenny me invitó a dar un par de charlas en su Taller de Cómic para futuros autores, acepté encantado. Un guionista de cómic es una especie de alquimista que perfecciona sus fórmulas y trata de buscar y mezclar elementos para dar con la piedra filosofal, que no es otra que una buena historia. Evidentemente, yo no he dado aún con la fórmula, pero no tengo ningún problema en compartir mis secretos con quienquiera que esté interesado. Prefiero cien mil tíos con un mechero en la mano a un ilustre guardián del Fuego Sagrado. Porque pienso que en el mundo no sobran, sino que faltan buenas historias. Cuantas más, mejor. Porque las buenas historias, las que nos emocionan, las que nos hacen pensar, nos hacen ser mejores personas. Incitan nuestra curiosidad, nos entretienen, nos hacen felices, son un vehículo para las ideas y la opinión, dan forma a nuestro pensamiento, aportan conocimiento y nos llevan a nuevas historias cerrando un maravilloso círculo vicioso. Las buenas historias hacen mejores seres humanos, y por ende, un mundo mejor. Parece un pensamiento excesivamente elemental y optimista. Llamadme simple si queréis. No me importa, me gusta.


Ignoro en que medida mi pequeño grano de arena habrá contribuido a la formación de estos autores del mañana. Tampoco sé si alguno, unos pocos o todos llegarán a ver publicada su obra. No quisiera jugar a adivino cómo el veterano de nuestra fábula, porque lo más seguro es que me equivocara tan estrepitosamente como él.  Parte del encanto de la vida es su estimulante incertidumbre. Me voy a limitar a expresar un deseo: que la historia tenga un final feliz. Que todos se conviertan en magníficos narradores y el que mundo se siga llenando de buenas historias.


De momento, van por el buen camino.




Juan Díaz Canales